Mañana Fer cumple años. En la eternidad, claro, por eso no importan sus cuarenta largos. Cumple al lado del Todopoderoso, pero tuvo que romperle mucho las pelotas para que dejara ir al diablo a la fiesta. Lo logró cuando le hizo de Milagritos: “Dios, por favor, esto no será una verdadera fiesta si no viene él, ¿quién sino va a traer la cerveza, el vino y el whisky? Sé que detrás de la barba ocultas una sonrisa pícara. Ese es mi diosito”. Y lo derritió.
Aquel que nos sacaba una risa transgresora y nos hacía más soportable cada mañana, aquel que nos hacía viajar más allá de la mierda cotidiana, está ahora inflando forros de colores para colgar de las nubes. ¡Cómo se divierten los querubines cuando les hace la voz de Roberto Flores! “Vamos, chicos, a soplar que se acaba el mundo”. Todos los potitos mueven las alas y se descostillan de risa. Parva de forros llevan inflados.
Como bien dice la canción que solía poner en El Parquímetro (Nunca estás totalmente vestido sin una sonrisa) anda desnudo y sonriente por todos lados, y cuando San Pedro lo corre para ponerle la toguita lo manda a la mierda. “Me ponía en bolas en los teatros de Buenos Aires en frente de viejas narigudas y ustedes me andan persiguiendo para que me ponga eso, ¡por favor!”.
Desde arriba suele gritar mucho y le rompe soberanamente que no lo podamos oír: “¡Esa chocoloca! Pero que reverenda marica… si me habré cruzado con él en Miami, y si le habrán descargado dulce de leche en el culo”.
Como decía, no importan sus años mortales. Droga, sí, y de la buena. Sexo, mucho y variado. Viajes, a rolete. Entregarse al público, su pasión. E inventar historias, diálogos, criaturas… su arte. Fer vivió 200 años y luchó por 1000. La gente que derrama vida de esa forma muere con la carne joven.
Fer era un símbolo de libertad, nuestro portavoz ante los corruptos y mercenarios políticos, un ser auténtico cuyas contradicciones nos obligaban a interrogarnos sobre cómo somos. “No oigan lo que digo, escuchen lo que pienso”. Un inspirador, para no llamarlo ídolo. A veces era un poco jetón... pero si no era así no era él... tenía que decir lo que sentía, lo que quería, lo que le parecía.
Jamás quiso ser un ejemplo, pero lo fue. “Haz lo que te dicten tu corazón y tu mente sin que a nadie le importe, lo que te prohíbo es que seas infeliz".
Durante estos últimos 10 años fue la única persona que nos logró sacar una sonrisa cada mañana. Y cada día muchos le pedíamos: ¡por favor, no te mueras! La vida nos cachetea, pero siempre es para que aprendamos algo... tal vez debemos aprender a sonreír cada mañana por nosotros mismos...
Sos un grande, puto lindo. Tirá el cielo por la ventana, bailale encima de la cola al diablo, rapalo a cero al barba y pónganse todos bien en pedo. Acá prometemos reírnos con vos.
“Podrán olvidar tus palabras, tus gestos, tus miradas, pero nunca cómo los hiciste sentir”. ¡Feliz cumpleaños, Fer!
Aquel que nos sacaba una risa transgresora y nos hacía más soportable cada mañana, aquel que nos hacía viajar más allá de la mierda cotidiana, está ahora inflando forros de colores para colgar de las nubes. ¡Cómo se divierten los querubines cuando les hace la voz de Roberto Flores! “Vamos, chicos, a soplar que se acaba el mundo”. Todos los potitos mueven las alas y se descostillan de risa. Parva de forros llevan inflados.
Como bien dice la canción que solía poner en El Parquímetro (Nunca estás totalmente vestido sin una sonrisa) anda desnudo y sonriente por todos lados, y cuando San Pedro lo corre para ponerle la toguita lo manda a la mierda. “Me ponía en bolas en los teatros de Buenos Aires en frente de viejas narigudas y ustedes me andan persiguiendo para que me ponga eso, ¡por favor!”.
Desde arriba suele gritar mucho y le rompe soberanamente que no lo podamos oír: “¡Esa chocoloca! Pero que reverenda marica… si me habré cruzado con él en Miami, y si le habrán descargado dulce de leche en el culo”.
Como decía, no importan sus años mortales. Droga, sí, y de la buena. Sexo, mucho y variado. Viajes, a rolete. Entregarse al público, su pasión. E inventar historias, diálogos, criaturas… su arte. Fer vivió 200 años y luchó por 1000. La gente que derrama vida de esa forma muere con la carne joven.
Fer era un símbolo de libertad, nuestro portavoz ante los corruptos y mercenarios políticos, un ser auténtico cuyas contradicciones nos obligaban a interrogarnos sobre cómo somos. “No oigan lo que digo, escuchen lo que pienso”. Un inspirador, para no llamarlo ídolo. A veces era un poco jetón... pero si no era así no era él... tenía que decir lo que sentía, lo que quería, lo que le parecía.
Jamás quiso ser un ejemplo, pero lo fue. “Haz lo que te dicten tu corazón y tu mente sin que a nadie le importe, lo que te prohíbo es que seas infeliz".
Durante estos últimos 10 años fue la única persona que nos logró sacar una sonrisa cada mañana. Y cada día muchos le pedíamos: ¡por favor, no te mueras! La vida nos cachetea, pero siempre es para que aprendamos algo... tal vez debemos aprender a sonreír cada mañana por nosotros mismos...
Sos un grande, puto lindo. Tirá el cielo por la ventana, bailale encima de la cola al diablo, rapalo a cero al barba y pónganse todos bien en pedo. Acá prometemos reírnos con vos.
“Podrán olvidar tus palabras, tus gestos, tus miradas, pero nunca cómo los hiciste sentir”. ¡Feliz cumpleaños, Fer!
Por Rodrigo Moral












